
El joven dragón, que nació sin la capacidad de distinguir colores, ve el mundo en tonos de gris y blanco, siendo estos los colores base de su visión. Solo las almas que aún no se han ido pueden reflejar destellos de colores fugaces. Ella guarda en su corazón estos colores efímeros, como quien colecciona uno tras otro los sueños que están destinados a despertar.

Oleada sin regreso
