
Caminó miles de millas y probó delicias de todo el mundo. Exquisitos platos pasaron por sus labios, y ella podía distinguir cada matiz de sabor. Su lengua era como una espada, su pluma como un pincel; revisó más de tres mil recetas. Chefs, grandes y pequeños, competían para servir banquetes, buscando sus palabras de alabanza dorada.