
El sol poniente estaba a punto de hundirse, y una tenue niebla nocturna se elevaba desde la cresta del Pico Nido del Dragón. Despertaron en el límite entre la luz y la oscuridad, con las yemas de los dedos tocando el último trazo del amanecer rosado, y el cabello cayendo como un arroyo plateado bajo la luna, fluyendo por el valle.
