
El crepúsculo es como un velo, sumergiéndose en el abrazo del Pico Nido del Dragón, y el viento levanta polvo de hierro y ceniza. Él se mantiene en el límite entre la luz y la sombra, escuchando en silencio las mareas humanas —esos sueños rotos y promesas inconclusas que deambulan sin cesar en el viento.

Oleada sin regreso
