
Solo quedaba la mitad del brocado, pero las nubes y las estrellas aún brillaban; solo quedaba un rastro de luz de luna, pero los motivos florales rizados seguían siendo nítidos. Aunque el tesoro de la niña estaba dañado, su fina artesanía perduraba, y seguía siendo igual de precioso. Incapaz de soportar los ojos llorosos de la niña, la joven lo tomó con delicadeza y comenzó a repararlo con cuidado.