
Al salpicar sobre su falda de seda, las gotas de lluvia perturbaban sus pacíficos sueños. Sus lágrimas mojaron los pétalos del loto y, sin embargo, la escena permaneció. El Yin Yuan tejía sin cesar, quizá porque la suerte aún estaba por venir. Que el cielo de mañana sea claro y los vientos calmos, y que traigan paz a quienes están en la orilla.