
Cuando la canción nocturna terminó y amaneció, la joven contempló los lotos ruborizados como si contuviera mil palabras. Por fin, desató el hilo rojo de su muñeca y lo anudó suavemente alrededor del tallo de un loto. Las nubes en el horizonte brillaron con la primera luz. La barca se alejó a la distancia. Este encuentro fugaz, como rocío o relámpago, dejó solo ese hilo rojo, uniendo sus destinos para siempre.