
La joven Sirena de las Nieves se acurrucó en los brazos de su madre mientras oía cómo hablaba de misiones y honor. Justo en el momento oportuno, le entró el sueño. Al terminar su sueño, finos copos de nieve le adornaban el cabello, y aún se percibía un calor en su frente: marcas de amor.