
Doblando ligeramente las rodillas, alzando un poco el borde de su falda e inclinando la cabeza con una leve reverencia, la joven ejecutaba estos movimientos con la destreza de quien los ha practicado mil veces. Pero su mente divagaba, y su mirada se escapó hacia el matorral, donde un par de ojos la observaban fijamente, brillando con una sonrisa inocente.