
Nacidas como cromalmas, estaban dotadas de una gracia similar al jade y bendecidas por Chroma, con su propósito escrito en sus fichas del destino. Envuelta en una falda vaporosa, la chica se movía con ligereza por la posada, atendiendo a sus obligaciones. El vapor del té se elevaba suavemente y las risas de los comensales resonaban con claridad.