
Buscó la verdad, solo para descubrir que era ilusoria; buscó rastros, pero no quedó ninguno. Los ancianos decían que aquellos de aquella época habían desaparecido hacía mucho tiempo, y que su rostro ya no se podía encontrar. Ella podía cambiar de forma a voluntad, por lo que, aunque aún viviera hoy en día, un encuentro pasaría sin que se la reconociera.