
La inspiración despertó, aún velada en la niebla somnolienta. Al principio, los contornos de montañas y ríos fueron percibidos; luego vino el conocimiento del alba y el ocaso, y gradualmente, un claro y rítmico aliento de espíritu surgió. De repente, el viento barrió los campos. Todos los sonidos resonaron como cantos sagrados, eco a lo largo de las espinas de las montañas, rozando suavemente las venas ocultas de agua.