
En silencio, Ella inclinó la cabeza, pensamientos oscuros como tinta seca. Incontables compañeros compartieron el dolor de la corrosión que horadaba el corazón. Los susurros sollozaban y se rompían, sus ecos llenando el vacío del tribunal. El resentimiento se erguía como espinas, el fuego kármico abrasaba corazones, y los huesos de jade se ataban, el sufrimiento soportado sin la fuerza para resistir.

Vestigios de Chroma