
A menudo perdían la noción del tiempo, vagando entre la música hasta que el amanecer iluminaba el cielo. "¡Veamos el amanecer!". El rocío de la mañana humedecía sus costuras, el penetrante aroma de las plantas ahuyentaba el cansancio de la noche y los primeros rayos de luz se imponían poco a poco hasta iluminarlo todo.