
Un resplandor errante, una sombra de cisne sorprendida, chispas raras y plumas dispersas permanecieron. Ojos claros, un corazón tan quieto como un lago, hasta que el hielo se disolvió y la nieve dio paso. Al caer el crepúsculo sobre el bosque, la niña recogió frutos, sus ojos brillando como estrellas. Un ave de plumas blancas plegó sus alas y se posó junto a ella, quedándose cerca, mientras la luz de la luna fluía suavemente a su lado.