
La luz de la luna presta su blancura a la polilla, y la polilla dona su esplendor a la luz de la lámpara. Un maravilloso acto mudo que solo yo puedo tocar. Capturaré algunas polillas luminosas, atesoraré este momento, las guardaré hasta que el bordado sea suficiente para llenar los pliegues del vestido, y entonces te lo contaré.