
Los invitados llegaron desde más allá de las nubes, pero todos los encuentros tuvieron su fin. Aquellos con túnicas rojas o cian que pasaban por los caminos del bosque, riendo libremente o compartiendo momentos tiernos, a menudo se marchaban de una noche a otra, sin dejar rastro. Solo quedaba el viento, rozando las ramas con un sonido suave y persistente.