
Habiendo perdido a la persona, buscó la huella. Alas blancas se desplegaron contra el cielo, siguiendo una dulzura esbelta en los sinuosos callejones de la ciudad. Ligera, se posó sobre un carruaje cargado con regalos embriagadores de miel. Las ruedas giraban a través de las puertas bulliciosas, hasta que apareció un patio, sus paredes gruesas con margaritas en flor, su fragancia pura y suave.