
En la nueva vida, bajo la enseñanza de su madre, ella aprende a reconocer las formas de las cosas. Sabe la silueta de las flores, sabe distinguir entre una tejepolilla y una hoja caída, pero nunca podrá saber, con certeza, de qué color es la luz del amanecer que su madre le ha descrito.

Oleada sin regreso
