
En un día claro y suave, se dedicó a recoger hierbas fragantes y, siguiendo la tradición, ella tejió un chal para la vida que crecía dentro de ella. El patrón floral semejaba delicados copos de nieve, con cada punto denso y fino, y su amoroso corazón, ya entrelazado en la tela, unía innumerables destinos.