
El mundo mortal emergió con sorprendente claridad. La facilidad de movimiento, el ferviente calor de la celebración, la alegría que transmitían las palabras del narrador y el anhelo que perduraba más allá de ellas, todo era como la luz de las estrellas cayendo en un lago tranquilo, enviando una cálida corriente a través del espíritu. Cuando los corazones estaban verdaderamente en sintonía, la distancia dejaba de importar; era como si estuviera ante los ojos de uno.

Vestigios de Chroma