
Con un murmullo repentino de discurso suave y dulce como la miel, giró y se encontró con un par de ojos almendrados y acuosos, tímidos pero brillantes. Una vez presenció una danza que le robó el aliento, y solo entonces entendió que la vida puede desplegarse como nubes errantes, o estallar como un río rompiendo sus orillas. Bajo las faldas que giraban, logró hallar la verdadera dirección de su corazón.