
Mientras caminaba por las tierras que una vez protegió, no apareció ninguna señal divina por ningún lado, pero el mundo reveló su vitalidad más simple. Deteniéndose en lo alto de las colinas, escuchó en silencio el viento; entre el agua y el cielo, todo era suave y claro. Aunque no pudo encontrar su verdadera forma, el viaje no fue en vano.