
Nacida en una tierra convulsa, era mortal, pero tenía un corazón compasivo. Ella misma levantó la luz guía, llevando una sola llama a través de miles de kilómetros. Aunque las tierras que atravesó ya no la recuerdan, el nombre de la doncella celestial perdura: su virtud se ha transmitido de generación en generación y su luz sigue brillando entre las estrellas.

Radiancia desvelada