
Llega la hora propicia y el tributo está completo. Cien días de trabajo paciente y concentrado han dado lugar a una armoniosa unidad de innumerables formas. No se ha erigido un gran altar para los dioses, sino que se ha trazado la vida cotidiana de cada hogar. Cuando se deja de lado el yo, surgen las formas de todos los seres; cuando se abandona la fama vacía, la obra se convierte en un elogio perdurable de la vida misma.

Radiancia desvelada