
A través de innumerables giros de estrellas y nieve, el artesano camina por las orillas del río, cantando la canción del pueblo transmitida de generación en generación. La melodía resuena como el arado y la azada en el trabajo, despertando la vida de la tierra árida. En algún lugar de la quietud, una flauta responde, llevando el nombre del artesano a través de los siglos.