
La sangre y las lágrimas de la patria aún fluían por sueños rotos, tiñendo el crepúsculo de rojo. Las montañas y ríos infinitos se convirtieron en la prisión de una persona. En el dolor silencioso de la noche, ella escuchó ecos de caballos de hierro y ríos congelados de viejas memorias.

Paleta de sinos