
Una amiga atrapó una hoja que caía antes de que tocara el suelo, y su punta amarilla desvanecida trazaba las montañas cubiertas por el crepúsculo. En sus venas, vislumbró una calidez persistente, aún no inmóvil, como el último parpadeo del atardecer una vez reflejado en sus ojos.

Paleta de sinos