
Al final, comprendió: todo ese bullicio y bullicio nunca fue algo vivido personalmente, sino una visión floreciendo desde el loto de la mente. Los oficios, las herramientas y las voces dentro del relato se oían tan dulces como el agua de primavera. Sin embargo, al reflexionar, todos eran solo rollos pintados de la conciencia divina. Ninguna escena fue presenciada por el ojo, ni un solo momento confirmado en verdad.

Vestigios de Chroma