
Cuando las llamas de la guerra asolaron la tierra, los campos de trigo entonaron una triste melodía para aliviar el dolor de las aldeas destruidas, testigos del silencio del suelo abrasado. Muchas estaciones después, la brisa volvió a acariciar los campos y nuevas semillas germinaron y maduraron en bellas espigas doradas.

Reencuentro entre lágrimas