
El cielo le concedió el deseo que tanto había acariciado, pero su corazón se sentía como un vagabundo que se acerca a su hogar, cada vez más inquieto a cada paso que daba. Bendecida por Chroma como fabricante de linternas de la ciudad, la alegría llenaba su corazón, teñida de miedo: miedo a cometer viejos errores, a fallar en la fabricación de la linterna que una vez había visto en sus sueños.