
El fogón aún brillaba cuando el aroma de la medicina persistía mientras la escarcha llenaba el patio. Ella no sabía cuán lejos había viajado su hija, ni si la lluvia, la nieve o la enfermedad podrían encontrarla. Solo pedía a la luna que la luz de esta, al tocar todos los ríos y montañas, mantuviera a su hija a salvo.