
Al irse, vislumbró la mirada familiar y desconcertada del hongui y recordó un encuentro fortuito una mañana poco tiempo atrás. Sonrió suavemente, pero no se detuvo ni miró atrás. Pensó que reconocerse de lejos era suficiente, mientras se perdía entre la espesura del bosque, como la niebla que se disuelve en la luz de la mañana.

Soledad entre las ramas