
Una vez vivió con el corazón de un transeúnte, pero ahora ese calor fluía por su sangre. A través de los ojos del Coloso, aprendió a ver el amanecer y el crepúsculo de nuevo. Entre los tambores, otro yo parecía tomar forma, uno que sentía con el corazón, dejando a un lado la cáscara del lenguaje.

Verde que te quiero verde