
Las estrellas cubrieron los campos y el viento de la tarde se balanceaba suavemente. El conejo embaucador se escondió en las sombras, observando en silencio. Esta larga búsqueda y terquedad, ella se vio reflejada en ello. Sin embargo, uno cargaba con el peso de un clan moribundo, media vida apostada. El otro cargaba con el peso de mentiras fáciles. ¿Valió la pena alguna vez?