
Nadie estaba cerca, solo la luna ondulando sobre el agua tranquila. Las llanuras yacían inmóviles, las coloridas carpas del lago jugaban libremente, sin ataduras. La artista, tomada por un capricho, desató el bote, tomó el remo de orquídea y se deslizó por el agua, apoyándose en la barandilla, ebria de luz de luna y reflejos.