
La memoria difuminó el tiempo. Abrió lentamente sus ojos llenos de lágrimas. Su color se volvió más pálido con cada gota, hasta que el mundo entero pareció desvanecerse. Innumerables hilos de Yin Yuan flotaban a su alrededor, hebras deshilachadas ondeando en el aire, incapaces de permanecer atadas a su muñeca.

Lazos de tinta