
Rompió las nubes y sus escamas brillaban como un río de estrellas vertiéndose en el mundo mortal. Sus ojos, afilados como cuchillas, atravesaron capa tras capa de crestas montañosas, buscando cada grieta hasta que por fin encontró un manantial intacto por la humanidad, mantenido a salvo por sus cuidadosas manos.

Lazos de tinta