
Por el bien de su pueblo, se obligó a mantener la calma, pero un sutil temblor se extendió desde las yemas de sus dedos por todo su cuerpo. "Estoy dispuesta a ofrecer mi rostro..." Antes de que las palabras escaparan de sus labios, un calor abrasador, como un hierro candente, se encendió desde lo más profundo de su alma, y la envolvió al instante por completo.

Oraciones sin rastro