
El merodeador carmesí lamió en silencio las pesadas cortinas, las alas de los sueños, el calor de los amigos, los lazos familiares, las visiones del futuro... Todo lo vibrante y precioso fue consumido por las llamas, dejando atrás solo una fugaz brizna de calidez que se escapó de sus manos.

Horizonte de sueños