
Con la conclusión escrita, la confusión del pasado se disipó. El camino por delante se iluminó: aceptar la verdadera versión de una misma solo requería quitarse la máscara usada para complacer la mirada de los demás y, en medio del bullicio del mundo, escuchar y seguir la melodía interior más pura.

Entre colores, florezco