
Cuando el primer rayo de fuego le quemó la espalda, el dolor hizo eco en lo más profundo de sus huesos. Un alma, pura e intrépida, vislumbró los secretos de la vida. En esta oscuridad infinita, finalmente desplegó sus alas y se elevó, para luego convertirse en un sol eterno y resplandeciente.

Corazón prevalente