
Como dice el cuento de hadas, había una vez una princesita solitaria que vivía en un gran castillo. Se sentaba sola ante una exquisita mesa de té, desde donde, a la luz de las velas, podía observar un fastuoso banquete y una multitud bulliciosa. Levantó su copa, pero no había nadie con quien brindar.

Instantes de serenidad