
Respiraba con todos los seres vivos hasta que despertó la luz de la mañana. Entonces, se deslizó como la niebla sobre las sombras de las hojas. En cuanto la última luz se desvaneció, su figura solitaria se convirtió en una presencia silenciosa posada en ramas antiguas, un rostro indistinguible que lo vigilaba todo.

Soledad entre las ramas