
Profundamente en la noche, la luz y la sombra danzaban desordenadas. Aunque el pabellón carmesí permaneció inalterado y las olas esmeraldas sin perturbación, el barniz de esplendor ya se había agrietado bajo su mirada. Al ver a través de la vieja ilusión, emergieron sombras nebulosas, revelando que las colas parpadeantes de las linternas no eran meros sueños, y la luz ilusoria que flotaba en el aire era tanto falsa como verdadera.