
Con sus familiares perdidos y sin un hogar donde descansar, el vasto mundo la llamaba. Sola, entró en el extenso crepúsculo con una ligera carga sobre sus hombros. La astuta muchacha cambiaba de forma como una liebre, aún joven y rebelde. Bajo las nubes oscuras y la escarcha, caminaba orgullosa con sus dos mechones de cabello.