
Esos ojos húmedos y redondos reflejaban el solitario instrumento en sus manos. Podría considerarse un público de la naturaleza, al dejar que el tintineo de los tambores se convirtiera en una conversación espontánea. Como un alma gemela de otro mundo, escuchaba en silencio y la miraba fijamente. Las hojas caían a su alrededor y susurraban con suavidad.