
El rocío cayó sin sonido, el viento pasó sin rastro. Otro día de luz y sombra tranquila. Una cesta caída despertó la paz del bosque, y el asustada ave blanca se encontró acunada en un par de manos cálidas. Los dedos de la niña llevaban el aroma de orquídeas y almizcle, sus ojos brillaban como perlas. Al encontrar su mirada con la brisa, círculos de claridad se expandieron.