
Cuando cada pluma resonó con el latido de todas las cosas, la soledad se disolvió gradualmente. Contempló el bosque, con las pupilas rebosantes de la suave luz de la luna y las pestañas salpicadas de la luz dispersa de las estrellas. Comprendió el lenguaje secreto de la eterna floración de la vida: la esperanza perdura porque la protegemos.