
No buscaba nubes en capas ni mil sueños, sino que apreciaba una sola respiración de fragancia tranquila. Lo que el pájaro blanco apreciaba no era una forma ordenada por el destino, sino un punto de verdadero y claro corazón, como un pozo profundo o una fuente antigua. Aunque pasaron diez mil pruebas, permaneció claro y suave, sin cambios, como siempre.